04 Abr MATAR AL OÍDO (MATAR AL PADRE)



Según la mitología griega, Edipo (cuyo significado es pies hinchados) era un rey mítico de Tebas, hijo de Layo y Yocasta que, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre. Según la misma mitología, Electra, hija de Agamenón (rey de Micenas) y Clitemnestra, vengó a su padre, quien fuera asesinado por Egisto, amante de Clitemnestra. Unos precursores en temas de igualdad estos griegos, pero no quería hablaros hoy de esto.

Fue Sigmund Freud el que utilizó por primera vez en 1910 en su afamada teoría del psicoanálisis el conocido como Complejo de Edipo (igualmente podía haber utilizado el Complejo de Electra) para referirse al conjunto complejo de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores. Se trata de un concepto central de la teoría psicoanalítica de Freud. Matar al Padre es la figura metafórica que utilizaba Freud para expresar el momento en el que las personas maduramos y dejamos a los padres apartados.

Pues trasladando esta metáfora al mundo de la locución, Matar al Padre se convierte en Matar al Oído. Así dicho parece algo incomprensible. ¿Matar al oído? ¿Pero eso qué es? Pues se trata simplemente de no escucharse. Es fácil decirlo, pero complicado hacerlo. El locutor (como cualquier persona) tiende a gustarse. A gustarse cada vez más además. Es decir, locutas una pieza y te preocupas de cómo suena. El peligro comienza cuando esa preocupación ocurre durante la grabación. Dedicamos parte de nuestro cerebro, una parte más grande cuánto más nos gustamos, a escucharnos al mismo tiempo que estamos grabando. Y eso es un error. Nuestras neuronas tienen que estar enfocadas durante nuestro trabajo a transmitir los sentimientos adecuados, a interpretar el texto como nos han indicado, a analizar las imágenes y la música de la pieza, etc. Pero nunca a escuchar cómo sonamos. Eso sólo nos distraerá de nuestro objetivo final, que como siempre debe ser realizar un servicio de calidad dando a nuestro cliente la locución que desea. Además, una locución nos quedará mejor, más real, natural, más cargada de contenido y mensaje, cuanto menos nos preocupemos de cómo suena.

Por todo esto, un punto importante en la carrera de un locutor, un punto clave diría, es cuando deja de escucharse a sí mismo mientras locuta. Cuando se concentra en lo que es importante (ya habrá tiempo para escucharse después). En definitiva, cuando MATA A SU OÍDO.

Una buena práctica para “matar a tu oído” consiste en locutar textos que haya que interpretar pero que al mismo tiempo tengan un ritmo rápido. Va todo tan deprisa en este tipo de locuciones que no tendrás tiempo para escucharte, casi ni para respirar.