24 Oct EL HOMBRE DEL MEGÁFONO SUBIDO EN LA ESCALERA



Mi primer post. No es un momento cualquiera, es un momento importante. Seguro que dentro de unos meses me brotan los temas sobre los que escribir hasta dormido, pero el primer post… es complicado. Y aquí estoy, delante del teclado pensando “¿y qué cuento…?”. Pues en una situación así, creo que lo mejor es empezar por el principio.

Esta historia ocurrió hace ya unos años, y aunque no fue el principio de la vida que llevo ahora, sí fue el punto de inflexión que me hizo pensar “uuaaauuuu… sí, sí y sí. Esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. ¡Seguro!”.

Llevaba ya unos meses formándome y haciendo mis primeros pinitos en esto de hablarle a un micrófono. E incluso había hecho ya algunos trabajos profesionales. Allí estaba yo en la sala de grabación enfrentándome a la locución de un spot de más de un minuto de duración. Uggggg.

“David, no te pongas nervioso, haz lo que te han enseñado, lo que sabes hacer”. Lo primero como siempre leer el texto y visionar la película. Analizar, analizar y analizar. Hacerse las preguntas adecuadas para entender el sentido de la pieza: “¿qué quiere decir el creativo?, ¿qué actitud, qué disposición requiere la creatividad a la que me enfrento?”. Nada más verlo mis ojos hacen chiribitas y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Me digo “vaya, es un spot divertido, ameno, casual que se dice ahora en la publicidad. Diferente a la típica publicidad de toda la vida”.

Importante, no ponerse nervioso. Calibrar el volumen, el tono, la actitud desenfadada que requiere la pieza… ¡La postura! ¡Que no se me olvide la postura! No podré dar la interpretación que la pieza necesita si no tengo la postura corporal adecuada.

Bueno, y ya estoy. Creo que ya lo tengo y puedo empezar a locutar… ¡Ostras! ¡Aún no! Me falta lo más importante… Dejar de ser yo, dejar de ser David el locutor, para pasar a ser el personaje que habla en el spot. Me falta la INTERPRETACIÓN. La clave, el punto más importante para un locutor, que es al fin y al cabo un ACTOR DE VOZ.

“¿Joder, y quién debo ser yo en la pieza?” pienso. “Si ni siquiera se le ve la cara… A ver… un monitor de gimnasio… es una opción. Pero yo no voy al gimnasio ni hago clases masificadas de aerobic, step o body combat. Piensa, piensa… ¡Ya está! Policía ordenando el tráfico. No, tampoco. Director de orquesta… organizador de colas en parques de atracciones…”. Cuesta, la verdad es que cuesta encontrar el personaje adecuado, ese con el que tú eres capaz de identificarte, y que al mismo tiempo encaja perfectamente con la creatividad que vas a interpretar.

De repente se me enciende la bombilla. “Ya lo tengo. Voy a ser… ¡¡el hombre con el megáfono subido en la escalera!!”.

Que sí, que ya se que es una gilipollez. Quién es ese hombre os preguntaréis. Pues es alguien que, no me preguntéis por qué, siempre he querido ser. Algo que siempre he querido hacer. Subirme a una escalera megáfono en mano y ponerme a mandar: “tú para allá, tú levanta una mano, tú una pierna, voltereta, ahora toooodos juntos, arriba, abajo, arriba, abajo… ¡vaaaamos!”. Como si estuviera loco, sin vergüenza, disfrutando de estar ahí arriba con mi megáfono y gritar a unos y otros.

Que importante es analizar, localizar e identificarse con el personaje, marca, mensaje creativo en definitiva que vas a interpretar. Cuanto más te identifiques mejor. Si te conviertes en él en vez de tratar de ser él, mejor aún. Y encima feliz cumpliendo sueños oníricos: poder susurrarle al oído a Mónica Naranjo. Eso sí, con un megáfono y desde lo alto de una escalera.

Lo dicho, una maravilla.