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02 Ene EL PRIMER ANUNCIO DEL AÑO

Hace no muchos años, hasta finales del siglo pasado, el primer anuncio del año era algo que servía como comentario de café o ascensor durante los días siguientes. Cuando en España sólo existían los dos canales nacionales de RTVE, el momento justo posterior a las campanadas reunía delante de la televisión a millones y millones de potenciales clientes, compradores, o simplemente oyentes, que escuchaban casi sin querer, sin darse cuenta, de una forma cautiva, el mensaje del primer anuncio del año. Con la llegada de las televisiones autonómicas y privadas allá por finales de los años 80 y comienzo de los 90, este efecto se fue diluyendo, como se diluyó la audiencia única de la primera cadena entre las diferentes opciones que se ponían a disposición del consumidor. Y el primer anuncio del año dejó de ser objeto de comentarios y tertulias. Sin embargo, en este nuevo año 2020 que acaba de comenzar, una marca multinacional de bebidas decidió contratar y emitir en todas las cadenas privadas españolas el primer anuncio del año. Y también decidió utilizar el mercado español para su lanzamiento en primicia de su nueva campaña publicitaria global. La marca en concreto es Coca Cola: https://controlpublicidad.com/campanas-publicitarias/el-primer-anuncio-del-ano-2020-sera-de-coca-cola/ Está claro que la publicidad ha cambiado desde el siglo pasado. De hecho evoluciona constantemente. Las formas y maneras de comunicar, los mensajes que se comunican, nosotros mismos, los sujetos pasivos de esa publicidad, hemos cambiado mucho desde los años 80. Un ejemplo: el spot que las agencias londinenses AKQA y Blurred han trabajado junto a Wieden+Kennedy London para el desarrollo de esta campaña se centra en mostrar cómo la empatía puede ayudarnos a estar más unidos a los demás. Nada más lejos de los mensajes publicitarios del siglo pasado que se basaban en la presentación de un producto, sus ventajas y parabienes, y la llamada a la acción que en este caso era la compra del producto. Otro ejemplo: la publicidad y sus canales de comunicación son ahora tan diferentes (y podría decir que hasta extraños para los que empezamos a tener cierta edad…), que el primer spot de este año no se podrá volver a ver en la televisión. Tras su estreno, el spot sólo podrá volver a verse al escanear las latas de Coca Cola con un dispositivo móvil hasta mediados de enero. Cosas de los nuevos tiempos, de los avances tecnológicos y de cómo nos relacionamos con ellos. Para un locutor o un actor de doblaje, participar en el primer spot del año es motivo de un orgullo y una satisfacción plenas. Imagino que, ahora que estamos en las fechas propicias en las que se oye mucho este comentario, viene a ser algo así como lo que representa para un presentador de televisión presentar las campanadas de nochevieja. Este año no he tenido la suerte de poder participar en este primer spot del año (ya llegará…), pero tengo varios compañeros y amigos que sí han podido poner su voz al servicio de esos primeros segundos de la nueva década. A ellos, mi más sincera enhorabuena. Para

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28 Ago SÍNDROME POSVACACIONAL

La Wikipedia define el síndrome posvacacional como el estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio con la vuelta a la vida activa, produciendo molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento. Este síndrome hace referencia a un estado de malestar genérico, con síntomas tanto psíquicos como físicos. Ahora os hago una petición: que levante la mano el que haya vuelto esta semana al trabajo y haya sentido los síntomas de este síndrome del siglo XXI… Veo muchas manos levantadas… La mía la primera. Y las que no estén levantadas es porque lo habrán estado hace una o dos semanas, o en el mejor de los casos lo estarán el próximo lunes o al otro (ugg, envidia…). Pues sí, todo lo bueno se acaba. Y las vacaciones no iban a ser menos. Después de unas semanas de asueto, descanso y relax, toca volver al tajo, al duro día a día. Ya sea en el campo, o en la ciudad, con un pico y una pala, tecleando delante de un ordenador, o poniéndose delante de un micrófono para darle sentido a las palabras salidas de la mente de algún creativo. No se vosotros pero yo estoy que no me aguanto. Con el síndrome posvacacional metido hasta las entrañas. Casi no me sale ni la voz, ni te cuento si encima tengo que darle sentido a la locución, interpretar e intentar transmitir algo. En estas condiciones lo único que me sale es ponerme a ver fotos de mis vacaciones mientras intento adaptarme a la nueva situación. Hablar como si no sintiera ni padeciera, como si mi cuerpo no sufriera. Recordar cuando estaba allí, y no aquí. Y dejar pasar el tiempo tirado. Tirado en la silla o en el suelo, pero muy tirado que es como me siento. Ánimo amigos, dicen que se pasa en unos días.

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04 Abr MATAR AL OÍDO (MATAR AL PADRE)

Según la mitología griega, Edipo (cuyo significado es pies hinchados) era un rey mítico de Tebas, hijo de Layo y Yocasta que, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre. Según la misma mitología, Electra, hija de Agamenón (rey de Micenas) y Clitemnestra, vengó a su padre, quien fuera asesinado por Egisto, amante de Clitemnestra. Unos precursores en temas de igualdad estos griegos, pero no quería hablaros hoy de esto. Fue Sigmund Freud el que utilizó por primera vez en 1910 en su afamada teoría del psicoanálisis el conocido como Complejo de Edipo (igualmente podía haber utilizado el Complejo de Electra) para referirse al conjunto complejo de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores. Se trata de un concepto central de la teoría psicoanalítica de Freud. Matar al Padre es la figura metafórica que utilizaba Freud para expresar el momento en el que las personas maduramos y dejamos a los padres apartados. Pues trasladando esta metáfora al mundo de la locución, Matar al Padre se convierte en Matar al Oído. Así dicho parece algo incomprensible. ¿Matar al oído? ¿Pero eso qué es? Pues se trata simplemente de no escucharse. Es fácil decirlo, pero complicado hacerlo. El locutor (como cualquier persona) tiende a gustarse. A gustarse cada vez más además. Es decir, locutas una pieza y te preocupas de cómo suena. El peligro comienza cuando esa preocupación ocurre durante la grabación. Dedicamos parte de nuestro cerebro, una parte más grande cuánto más nos gustamos, a escucharnos al mismo tiempo que estamos grabando. Y eso es un error. Nuestras neuronas tienen que estar enfocadas durante nuestro trabajo a transmitir los sentimientos adecuados, a interpretar el texto como nos han indicado, a analizar las imágenes y la música de la pieza, etc. Pero nunca a escuchar cómo sonamos. Eso sólo nos distraerá de nuestro objetivo final, que como siempre debe ser realizar un servicio de calidad dando a nuestro cliente la locución que desea. Además, una locución nos quedará mejor, más real, natural, más cargada de contenido y mensaje, cuanto menos nos preocupemos de cómo suena. Por todo esto, un punto importante en la carrera de un locutor, un punto clave diría, es cuando deja de escucharse a sí mismo mientras locuta. Cuando se concentra en lo que es importante (ya habrá tiempo para escucharse después). En definitiva, cuando MATA A SU OÍDO. Una buena práctica para “matar a tu oído” consiste en locutar textos que haya que interpretar pero que al mismo tiempo tengan un ritmo rápido. Va todo tan deprisa en este tipo de locuciones que no tendrás tiempo para escucharte, casi ni para respirar.

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24 Ene LA MIRADA DE CLOONEY

Hace un tiempo que un compañero locutor me dijo esta frase: “La verdad está en la mirada”. A mí lo primero que me salió contestarle fue: “Ya, cachondo. Y en el corazón”. Y no es verdad. Bueno, o sí, pero no es de lo que quiero hablar en este post. Lo que quiero decir es que no sabéis cuánta verdad hay en la afirmación de mi compañero. Como ya comenté en algún post anterior, la clave para una buena locución está en la interpretación. Sí, la técnica, la respiración, que suene bien (en un post posterior hablaré sobre lo útil que es dejar de escucharse a uno mismo cuando está delante del micrófono), son temas importantes. Pero sin duda alguna, para conseguir transmitir la verdad que el texto requiere la pieza angular es una buena interpretación. Y la interpretación, la verdad por tanto, está en la mirada. Quizás no os hayáis fijado pero vuestros ojos cambian cuando decís una cosa u otra. Cuando estáis enfadados, felices, eufóricos o histéricos. Amables o serios. Tranquilos o desprendidos. Claro está que no cambian de color… eso sí que estaría bien. Pero cambian su posición y su brillo, el punto al que miran o la forma más achinada o redondeada. Y no sólo cambian los ojos, también toda la piel alrededor, las famosas patas de gallo y el entrecejo, se mueven de forma acompasada y armoniosa con el sentimiento que estamos transmitiendo. Por eso, y siguiendo con los buenos consejos que aquel compañero y amigo me dio, descubrí que hay que estar más atento a los ojos de las personas, de los grandes actores y actrices, que al movimiento de su boca. ¿Queréis más ayuda? Fijaros en alguien determinado e intentar imitarle. En mi caso era fácil, elegí a George Clooney. Por edad y timbre de voz era el más adecuado. Me gustaría decir también que por parecido… Y eso fue lo que intenté hacer en la locución que os dejo hoy. Un spot para la marca Bla Bla Car donde me dijeron que buscaban amabilidad y cercanía con el cliente. Y qué mejor que pensar que era George Clooney invitando a un exquisito café de cápsulas. En definitiva, para realizar una buena locución que consiga transmitir lo que el creativo te está demandando, que consiga transmitir los sentimientos y sensaciones que el texto requiere, la técnica, colocar la voz, la dicción, la sonrisa, mueca de tristeza, etc, son importantes. Pero la verdad está en los ojos.

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